martes 7 de julio de 2009

Para Fernández Editores

Me caga que en las editoriales se hagan pendejos para pagar a las personas que trabajan para ellos, total si no tienen presupuesto, pues que pongan a sus empleados a trabajar más de lo que deben y no contraten gente externa a la que no le piensan pagar. Ya páguenme malditos.
Perdón, pero lo necesitaba. Fiiiiiu. 

jueves 25 de junio de 2009

Hola soy gay

Por más que intenté ser la mejor amiga de Marisol (No porque Marisol no quisiera ser mi amiga) Betsy lo impidió. Betsy era una niña dominante y muy persuasiva. Marisol me invitó a su cumpleaños, pero en la fiesta, Betsy se las ingenió para hacerme a un lado y terminé escondida en la cocina, jugando sola. Marisol obedecía ciegamente a las órdenes de Betsy y yo terminaba siempre hecha a menos. Así las cosas para cuando llegó Eric al salón, era el niño con más pecas que jamás había visto, su piel era blanca casi lechosa y con tantas pecas que parecía un licuado de guayaba y “guayabita” era su apodo. Me enamoré de él, quise casarme con él y tener hijos, pero él vio a Marisol y se enamoró de ella, quiso casarse y tener hijos con ella. Apenas cursábamos el segundo año de primaria, así que el matrimonio y los hijos, tuvieron que esperar. Mientras esperaba a crecer, me hice la mejor amiga de Eric, me contaba todo lo que sentía acerca de Marisol y yo pasaba mi amarga saliva con frutsi congelado. La experiencia me marcó. 
Como todos los años, para el día de la madre teníamos que hacer una manualidad, la maestra Lety pensó que un mantel a cuadros rojo y blanco bordado a mano haría que las mamás lloraran de alegría. Así que todos los días salíamos al patio una hora después del descanso a coser el dichoso mantel. Las niñas se sentaban juntas, lidereadas por Betsy; los niños también estaban sentados en grupo, no tan lejos, y yo, me mantenía cerca de ellas y de ellos, por indicaciones de la maestra, estaba en medio de los dos, ni con ellas, ni con ellos. Todos los días de costura fueron un tormento para mí, aunque en mi posición yo podía escuchar las conversaciones de ambos grupos, riéndome a veces de las bromas que se hacían entre ellos y ellas. Finalmente me di cuenta de que era más fácil tener una amistad con un niño que con una niña (Y es que algunas niñas nacemos con ese chip incrustado para ser manipuladoras y querer toda la atención para nosotras, creyendo merecerla). Cada vez me fui acercando más y más al grupo de los niños, al principio no me querían cerca, pero poco a poco, lanzaba un comentario en su platica, dándoles la razón y claro, después de unos días ya escogía yo el lugar para sentarnos. La maestra no dijo nada y me dejó quedarme con los niños. Con ellos pasé los siguientes años escolares. Nunca fui buena con las amistades femeninas, siempre me parecieron, muy femeninas, algún tiempo hasta llegué a pensar que era lesbiana, que por eso me gustaba estar con los hombres y que las mujeres tenían un atractivo para mí. ¡Pero, no! Que me doy cuenta de que me gustaba estar rodeada de hombres, sí, muchos y de todo tipo, sentirme cerca de ellos y escucharlos, saber lo que pasaba por su cabeza, era como estarme entrenando para el momento de encontrar a alguien con quien valiera la pena aplicar todo lo que había aprendido en mis años de convivencia masculina. Y quién diría, si que me sirvieron, ahora, puedo manipular a cualquier hombre que se ponga en mi camino, se perfectamente lo que quieren oír y saber de mí, solo basta escucharlos hablar un poco, ¡Hahaha! No, ¡claro que no! a duras penas puedo manipularme a mí misma. 

No sé si me he topado con mujeres extrañas o si “así somos todas”, pero por alguna un otra razón terminé por convertirme en lo que vulgarmente se llama ahora: una jotera. El 90% de mis amistades, así carnales, son gays, en ellos encontré la dosis exacta de feromonas y testosterona que necesito en alguien para que sea mi amigo. Son buenos para escuchar en las pláticas y para contar indiscreciones sin que se avergüencen, puedo andar en paños menores frente a ellos sin que les importe, puedo salir con ellos a bailar (casi siempre son buenos bailarines) sin que mi esposo se ponga celoso (porque siempre terminamos en lugares gay y así ni quién me eche el ojo), me ayudan con el outfit, son como mis guías de la moda, son cariñosos con mi hijo y con mi perro, bajo ninguna circunstancia me pueden bajar al marido, jugamos cartas como señoras copetonas y suelen ser muy sensibles ante la estética de todo, el arte, la música, el cine y terminan sabiendo siempre a donde ir, qué películas ver, qué música vale la pena escuchar, etc. Algunas veces, mis lindos amigos me preguntan cosas que me hacen reír mucho como: ¿Pero, a ver, el clítoris es como un hueso?, ¿Tiene venas?, ¿Y las tetas, porque les gustan tanto a los hombres?, ¿Tú entiendes por qué, a algunas mujeres, les gustan las mujeres?… 

Y bueno, entre Eric, Marisol y yo, no tuvimos hijos juntos, ni siquiera una gran amistad, a veces me pregunto que hubiera sido si Marisol fuera mi mejor amiga. Probablemente estaríamos llorando en la despedida de soltera de la otra, escogiendo un ajuar o llevando a los niños al mismo colegio. 


lunes 15 de junio de 2009

Provinciana

La primera vez que pisé el suelo defeño o por lo menos la primera vez que recuerdo, fue en una excursión universitaria, en cuarto semestre, los maestros de serigrafía quisieron traernos, para enseñarnos el arte en su mayor expresión nacional (pa que los que no teníamos talento, nos diéramos cuenta). Todos estábamos eufóricos con la idea el viaje, sabíamos que esos maestros no eran de los que se ponen fresas; nos dejarían beber alcohol, fumar y gritar en el camino o lo que se nos ocurriera a la bola de adolescentes que éramos.   Así fue todo el camino hacia la metrópoli prometida. Llegamos a las cinco de la mañana, yo estaba despierta (no quería que el tipo que me gustaba entonces, me viera con la baba escurriendo de la boca abierta), vi en la entrada a la ciudad un resplandor que iluminaba el cielo, como si amaneciera, vi las fábricas como las dibujaba cuando era niña: grises construcciones cuadradas con humo en la chimenea. Me dejó boquiabierta el monstruo al que llegaba, un gigantesco nacimiento en la noche,  lucecitas de colores que se perdían en el horizonte. 
Tardamos un buen rato en llegar hasta nuestro hotel. Llegué cansada por el viaje y medio cruda, pero con muchas ganas de conocer “la capital” de la que tanto había escuchado. Nos acomodaron de cuatro en cada habitación, al poco rato salimos todos bañados y listos para pasear; el dinero en los calcetines, sin cartera, una ID y  todos los prejuicios en la cabeza. Nos llevaron en metro, desde las escaleras de entrada tuve miedo: gente con mucha prisa, bolsas, portafolios, lociones y sudor, vendedores de mp3 con bocinas dentro de una mochila y así y así, entre risas bobas y como pudimos, nos metimos entre la multitud del vagón, cuando nos dimos cuenta dos de nuestros compañeros no entraron y se quedaron en la estación, mi mejor amigo Do y Marianita. “Ay no, pobrecitos, seguro los asaltan, los violan o les hacen algo feo” pensé. Los maestros nerviosísimos, no paraban de hablar entre ellos: que si nos regresábamos todos, que si uno iba, que si los papás... Total, que nos bajamos en la siguiente estación y nos quedamos con la maestra “Kenny” (igualita a la de los eléctricos) y el profe gay se fue a buscar a mis dos compañeros; todos estábamos asustadísimos, al poco rato llegó el gay con los dos alumnos que reían nerviosamente, suspiré de tranquilidad. 
Al fin llegamos a Bellas Artes,  vimos la obra expuesta y salimos todos lampareados (al menos yo) nunca lo imaginé tan monumental e impresionante. Nos tomamos fotos afuera y nos fuimos a otro museo y a otro y a otro, terminé con hambre y dolor de cabeza y sin guardar registro en ella de los lugares, ni las obras que siguieron a bellas artes. Caminamos tanto y entre tanta gente, acostumbrada a dos metros a la redonda libres de gente al andar por la calle, aquí rozaban mis hombros cada cinco segundos, ¡Qué multitud! ¿A dónde van? ¿Qué pasa? El ruido era increíble: el de los tacos, los celulares, la farmacia, la librería, las computadoras, el policía de tránsito, el vendedor de cigarros, de DVDs, los coches, bueno, hasta la señora que pedía limosna, gritaba. 
Nos llevaron a comer a un mercado (presupuesto estudiantil). Pero ahora sí, íbamos casi agarrados de las manos como niños de kinder para no perdernos. Probé por primera vez un pambazo de frijol y un huarache de costilla, los dos con una dudosa apariencia azul que despertó sospechas entre nosotros, pero ¡Qué cosa más rica! todos comimos hasta quedar con la panza llena y el corazón contento. Llegamos como a las siete al hotel, muertos de cansancio, mas eso no impidió que escapáramos a dar una vuelta en la ciudad de noche, aunque algo temerosos, sin saber a dónde ir, ni como llegar a ninguna parte, nos fuimos a dar un rol (sin permiso, claro) salimos y vimos otra vez las luces por todos lados, la gente seguía caminando por las calles, los coches como si fueran las tres de la tarde, nos pusimos contentos al ver tanto movimiento y tomamos el primer taxi que pasó, le preguntamos al chofer ¿Dónde se pone bien? y nos llevó a una cantina en el centro, una esquina cerca de la catedral con puerta de dos hojas, de esas de madera que se regresan solas y que nomás tapan una tercera parte.  “El nivel”, nos dieron cacahuates, frituras y bebimos varias cervezas frías. Pasamos dos horas ahí, salimos y tomamos otro taxi, le hicimos la misma pregunta que al anterior, nos llevó algunas cuadras a otra cantina, pero como mis amigos y yo traíamos la “onda electrónica”, pues no fue lo que esperábamos y nos fuimos al hotel, pasamos antes por unas cervezas a una tienda y oh, sorpresa… ¡nos las dieron al precio! En nuestro humilde pueblo, si no compras tu alcohol antes de las diez de la noche, lo tienes que ir a buscar a lugares clandestinos, pagar el doble y arriesgarte a que te metan al bote. Tomamos nuestras chelas y se unieron más compañeros con más chelas, se armó la fiesta y al poco rato se acabó. 
Al siguiente día, podíamos ir a dónde quisiéramos, obvio, después de visitar los museos que nos faltaban (terminé odiando los museos por un rato). Mis amigos y yo decidimos entrar a una sex shop por la que pasamos, ya éramos mayores de edad y podíamos hacer lo que diera la gana, ¿no? Subimos unas tenebrosas escaleras y llegamos a un lugar muy iluminado con secciones de películas, juguetes, disfraces, muñecos inflables y cabinas, todo era como de primer mundo, no sabía a donde voltear, la gente que estaba ahí, lucía normal, no parecían salidos del psiquiátrico, no, todos actuaban como si estuvieran haciendo el súper, muy quitados de la pena.  A mí, que cargaba la mochila de la doble moral, me pareció extraña la naturalidad con la que actuaban. Hicimos lo mismo, pregunté para qué servían algunas cosas y me sonrojé con la respuesta, diciendo con tono cantadito: “Ahhhhh, gracias”.  Más tarde los maestros nos llevaron por petición nuestra a Coyoacán, no queríamos irnos sin conocer a los jipis de la ciudad y entre tamborcitos, rastas, pulseras de colores, mujeres de ropas ligeras, hombres con el torso desnudo, pantalones mugrosos y bailando, me dieron unas ganas de quedarme a vivir y bueno, era una jovenzuela de dieciocho. Al final del día regresamos, dormí muy bien, soñando con la capirucha, me quedé enamorada del monstruo, de su continuo movimiento, de sus ruidos, sus olores, de su gente abierta, de lo abrumador de su belleza, tanto, tanto, que prometí regresar.


miércoles 3 de junio de 2009

Consejo

El día que cumplí quince años, además de aconsejarme que me depilara las axilas y las piernas [pues ya parece que tienes pelusita, dijo], mi hermano mayor me dio el que según él creía, era el mejor consejo que podía darme, me dijo que no tuviera sexo con nadie si no estaba segura de que me quería y yo a él. Pero yo sentía deseos de estar con el primero que se me pusiera enfrente y me gustara, pero como decía mi papá, si veía una escoba con pantalón, se me hacía muy guapo, yo recordaba las sabias palabras de mi hermano y me aguantaba las ganas. Peor, que desde niña fui muy precoz y con la hormona tan alborotada, ni dormir podía. Yo que siempre fui buena hermana, tomé aquel consejo como verdad absoluta y presumía con mis amigas y amigos de aquella virginidad impuesta por mí, no por mis padres o la iglesia o nadie, solo yo podría decidir cuando entregaría el preciado fruto al hombre que fuera digno de comerlo. (Ajá.) Pues el hombre merecedor del fruto nomás no llegaba, pasé toda la prepa escuchando las historias que contaban mis amigas y yo, que no tenía nada que contar sólo abría los ojos y me ponía colorada, claro, me daba besitos con el que me gustara, algún agarrón de teta o nalga, pero de ahí no pasaba. 

Llegué a la mayoría de edad y nada, ¿pos dónde estaba el hombre que me querría y que yo amaría tanto como para darle todo y con todo? Ni sus luces. Seguí con mi autoproclamada regla hasta la universidad cuando conocí a uno que yo pensé que merecía eso y mucho más, que era perfecto para mí, pero oh, desilusión, él ya tenía una linda chica con la que llevaba toda la prepa de noviazgo, lo bueno era que la linda chica no estaba en la misma escuela que nosotros y yo lo tenía en mi salón, así que todos los días podía hacer mi luchita y chance se lo bajaba a la linda chica. Pero no, él resultó ser de lo más patán y quería ponerle los cuernos a su amada conmigo, “pero nada serio” decía el muy gañán. Yo enamorada hasta las uñas de los pies, aceptaba lo que él quería dar, o sea, sobras. 
Aunque sabía que él no me amaba de ninguna forma, yo estaba dispuesta a darle lo que había guardado por taaaaantos años y cuando tocamos el tema, el me dijo que no, que no podía hacerlo, que sus principios, que el embarazo, etc, etc, pero si yo quería podíamos “fajar”… ¡Que, queeeeeeé! Ay no, lo que me faltaba, justo cuando creía que ya me iba a tocar… ¡Nada de nada! 

El amor se me acabó con el paso del tiempo y con los malos tratos que el gañán me daba. Pero si no estoy tan gacha, ¿de plano no hay nadie que quiera conmigo y que yo quiera con él?, ya no importa si me quiere o si lo quiero, nomás que nos gustemos lo suficiente, pensaba yo, el consejo de mi hermano se había vuelto una broma para mí. Conocí a tipos que yo les gustaba, pero siempre eran o muy chaparros, o muy gordos, o muy flacos, o con dientes feos, o con mal aliento, o con mucha autoestima, etc, etc. Tal vez era yo la que estaba mal. Tenía que ser perfecto. 
Encontré a otro perfecto que resultó ser igual de imperfecto que el primero y que al final de “nuestra relación” si se puede llamar así, me di cuenta de que no era para mí. Ni mi fruto para él. Ash. También intenté darselo, no crean que no, pero me salió lo diríamos popularmente: enclosetado.

“Ya basta, ahora sí, el próximo fin de semana que salga con mis amigos y amigas, me iré con el primero que me guste y yo a él, ya tengo veintiún años. No quiero morir virgen y con el ritmo de vida que llevo, no creo que pase de los veinticinco. Me he decidido” 

lunes 25 de mayo de 2009

Cumple

Mi compu me dio el mejor regalo que podia darme: Mato a su disco duro junto con toooooodo el mugrerio que tenia, fotos, trabajos, documentos importantes, ash. 
Tal vez lo que mato al disco duro fueron los duros golpes que mi hijo le propiciaba cuando veia a Pocoyo. Nunca lo sabremos. 

Perdon por la falta de acentuacion, pero es que esta compu no tiene para ponerle, o no se donde demonios esta. 

domingo 17 de mayo de 2009

Pan

Hoy fui a un curso de pan casero, hicimos el pan, lo comimos con vinito, quesos, frutos secos y aderezos caseros, todos los anteriores, buenísimos. 
Les dejo la receta para que los que gusten del pan, se animen y hagan el pan más rico que jamás han comido (bueno, tal vez exagero, pero si está de rechupete). Además el pan no se amasa! uff.

Ingredientes para una hogaza:

3 tazas de harina 
1/4 cdita. de levadura
1  1/4 cdita. de sal 
1  5/8 tazas de agua
salvado de trigo o más harina para cubrir la masa
1 taza de ingredientes extra como: nueces, pasas, dátiles, tomates secos, aceitunas, ajo, cebolla, hierbas o lo que se les antoje. 

Mezclar todos los ingredientes, integrar los ingredientes secos, después el agua e incorporar todo sin amasar, dejar fermentar unas 12 a 18 horas, doblar la masa cuatro veces sobre sí misma sobre un paño limpio con suficiente harina y salvado de trigo, dejar fermentar por 2 horas, precalentar el horno a 250 grados centígrados, calentar el molde o refractario con tapa (entre más grueso, mejor, estoy hablando del molde) durante media hora, después sacar el molde y meter la masa, tapar el recipiente, reducir la temperatura a 230 C, hornear durante 30 minutos, quitar la tapa dentro del horno y seguir horneando de 15 a 20 min. Voalá! Y a comer! 

En serio es muy fácil, solo tengan paciencia para esperar lo de la fermentada, pero en verdad vale la pena que lo hagan, se ahorrarán mucho dinero y disfrutarán de un pan caserito bien bueno y con la satisfacción de hacerlo tú mismo. Provecho!



lunes 11 de mayo de 2009

Líneas

El paso de los años va dejando huellas en mi rostro, líneas de expresión que no dejan de expresarse, pienso en que tal vez deba reír menos y quitarme la boba sonrisa que llevo siempre en la cara, tal vez botox, unos piquetitos y listo, no moveré esos músculos faciales en por lo menos seis meses, si cuido mi alimentación, hago ejercicio, no fumo ni bebo; pero si hago todas esas cosas, seguro me veré mas juvenil, así que no necesitaré del botox, no por ahora. 
El paso de los años también ha hecho estragos en mi cuerpo; como si no tuviera suficiente con las que tenía, las caderas se me ensancharon, las tetas ya no tienen aquella redondez, textura, volumen, ni lugar que solían tener antes de amamantar, mi abdomen no volvió a ser el mismo con una barriguita sensual, ahora las miles y miles de estrías no dejan ver lo que era. Y me pregunto, si con uno, quedé así ¿Ahora que viene el segundo? Me convertiré en un adefesio. Ay diosito, no por favor, déjame igual, ¿no? 
Mi querido cónyuge dice que nomás que termine de amamantar a la hijada, me paga la operación pa' dejarme como nueva, otra vez, tetas arriba, pancita sensual, unos cuantos kilos menos, peeling, nalgas, etc. Voy a quedar como mandada hacer... Pero para frankenstein, toda llena de cicatrices e hilos. Ash. Mejor me quedo guanga.
Pero qué me pasa? Si soy una mujer joven, que apenas va entrando a su etapa madura, ¿no? O es que los treintas serán los nuevos veintes? como dice Ángel. 
Todavía me faltan dos para alcanzar a los nuevos veintes, pero el asecho de mi próximo cumpleaños me pone a pensar en lo vieja que me vuelvo cada día. Además, no tenía nada mejor que postear. 

jueves 7 de mayo de 2009

Influ

Con tanto alboroto del contagiadero de influenza y con tantas compras de pánico (que el cubrebocas, que no, mejor la mascarilla, que no, mejor la mascarilla de alta protección, que el aerosol desinfectante, que los litros y litros de cloro, que los ocho garrafones de agua, que pañales, que las frutas congeladas y abarrotes, etc.) sólo pienso en lo que necesitamos para estar bien en caso de que no nos dejen salir de nuestras casas, de lo que debo hacer para que mi familia esté sana y no les falte nada. Y no les faltó, ya puedo salir tranquila al parque y platicar con otras mamás que estaban igual de paniqueadas que yo. Bueno, pero ya, nomás no quería quedarme sin postear algo de la influenza, digo, pa' estar a la moda, verdá?
Los pobres mueren, los ricos no, será que en nuestro país la salud se puede comprar? Naaaaaaaa, cómo creen!

domingo 3 de mayo de 2009

Adds, consumption and brands... todos caemos tarde o temprano.

jueves 23 de abril de 2009

Indi

Mientras tomo un capucchino y un delicioso postre de maracuya, veo pasar por la calle un vagabundo que se mete al lugar donde estoy, quiere algo de comer, dice. Me sorprende el olor que desprende y me sorprende aún más que mi amiga, como dueña del lugar, no lo note y lo haga esperar por el café. Los clientes del café cuchichean y hacen cara de fuchi. Creo que yo también tengo esa cara mientras está ahí. Mi amiga Camila que tiene una extraña fijación con los vagabundos, le da una rebanada de su mejor pastel y un americano grande con leche para llevar. Se va contento y dándole todo su repertorio de bendiciones. 

Le digo a mi amiga que no los deje pasar, que su lugar se ve afectado cuando esto pasa, pero me alega que son personas muy interesantes, que su vida es muy diferente a la nuestra y no porque vivan en la calle, si no porque tienen el valor para hacerlo. ¿?  Bueno, si quieres darles algo, dáselos, pero rapidito mamacita, porque tu lugar se queda impregnado con el inconfundible aroma a “pasuco” (patas, sudor y col… así decían las maestras de la secu en donde estaba, según ellas a eso olía el salón después del recreo) que dejan como estela a su paso. 

Después de nuestra plática (la de Camila y mía), como que veo a los indigentes con otros ojos, me pongo a pensar en lo que vivirán y en lo que ellos pensarán, de cómo pasaron de ser personas “normales” a ser lo que son ahora. Hay cierto respeto hacía ellos… hasta que los veo masturbándose en la vía pública, ya, eso sí es el colmo, está bien que hagan sus necesidades, pero por favor, a plena luz del día y en los parques donde hay niños, familias completas, personas de la tercera edad, etc., de verdá que así no me dan ganas de respetarlos y lo que quiero es que un policía se los lleve derechito a la cárcel. ¿O será que estoy tan sabrosota que no se pueden resistir a llegar a la tranquilidad de su parque de noche? Ya van tres que me topo y hacen eso, luego los veo por mi casa pidiéndome dinero “pa’ un taco”, tsss. Me pregunto si hay mujeres indigentes que también hagan lo mismo cuando ven pasar a un papá guapo con su hijo. Creo que no y tampoco creo que estén tan locos. 

miércoles 22 de abril de 2009

El poeta del año

Su ropa despide olor a viejo, como libros empolvados en un librero y que nadie ha leído por lo menos en un centenar de años; cuando me habla puedo darme cuenta de que fumó hace poco, de que no lo ha dejado a pesar de que guarda un infarto en su historial médico. Lee sus poemas en voz alta y me siento triste al escucharlos, todos son depresivos y añoran una vida que jamás regresará, la que vivió sin darse cuenta del modo que nunca quiso. Piensa que tengo suficiente sensibilidad como para ser artista, la única de la familia, dice.
Me gusta estar contigo, que me mandes por tus faros y tu coca, me leas en voz alta, me gusta la boina que siempre usas, que creas que tengo talento y me regales tus pinceles, aunque se que no hay nada extraordinario en mí. Te extraño. 

domingo 12 de abril de 2009

Cabeza, maldita cabeza

Es la una de la mañana, ya estaba dormida pero tuve este sueño que me hace no querer regresar a la cama y descansar como debo. Nada más no puedo cerrar los ojos y quitar esa imagen de mi cabeza, prefiero escribir, tal vez me ayude.
Iba con un amigo de un amigo, ni si quiera era mi amigo, bien parecido, drogado hasta las manitas y apestando a alcohol, con el torso desnudo; no sé porqué, pero yo lo tenía que cuidar, hasta que se le bajara la dosis de LSD que había ingerido. Caminaba con dificultad y yo sabía que tenía que encontrar a alguien en un antro cerca de mi casa para que él lo cuidara, subimos varios pisos para entrar al antro espantoso que más bien se parecía al “Metro” de Aguascalientes, antro al que iba cuando era joven; había una fila de hombres con trajes negros en semicírculo en la entrada, que se ponían así para que la gente no alcanzara a ver que la fiesta estaba bien gacha y entraran de todas formas, porque pagaban el cover de perdida. Daisy estaba ahí, se veía muy bien, muy arreglada y con el pelo planchado, su hermana estaba con ella, pero el antro estaba casi vacío, la saludé y le presenté al que me acompañaba, me fui a buscar a la persona que se haría cargo de él, pero no lo encontré, así que ya nos íbamos cuando le dieron ganas de vomitar, lo acerqué a la ventana para que sacara la cabeza y no llenara el piso de vómito, yo lo sostenía de la espalda y los hombros, alguien me habló por atrás y volteé para ver que querían, el tipo al que yo cuidaba se cayó, se movió no se como que se fue por la ventana, pero cuando iba cayendo dejó de ser el tipo y se convirtió en “M”, mi hijo. Vi como se caía y yo no podía hacer nada por detener su caída, vi como quedaba su cuerpecito volteado contra el piso y la sangre salir de su cabeza. Yo gritaba y lloraba desde la ventana. Alguien gritó que el cerebro se le había salido. Escuché que una mujer me preguntaba cuanto medía yo (para saber antes de que muriera), mientras yo me lanzaba al suelo desde la ventana, quería estar con mi hijo y en las mismas condiciones que él, muerta. Caí en unas sillas, me lastimé pero no morí, me arrastré y recogí su cerebro del suelo, parecía intacto, sólo tenía algunos vidrios y se los quité. Volteaba a ver a mi hijo y veía su cerebro en mis manos. Él paseaba a oci y me vió ensangrentada, se volteó y me movió la cabeza con negación, le dije que todavía se podía salvar, que el cerebro estaba en buen estado, mira, se lo mostré extendiendo mis manos. “M” parecía escuchar, pues aunque no tenía cerebro y su carita estaba llena de sangre, vidrios y moretones, se sentó para que su papá viera que si se podía salvar e hiciera algo. Se me cayó, se me cayó, le dije. En mi sueño sabía que todo había sido mi culpa, que por ser distraída como siempre no lo cuidé como debía. 
Desperté y mi corazón latía fuerte, tenía tanto miedo que no podía respirar bien. Fui a su cuarto para asegurarme de que estuviera bien y que sólo es mi cabeza, que me hace bromas pesadas, él dormía plácido en su cuna y sentí alivio. Pero esa es la imagen que no me puedo quitar de la cabeza, eso veo cuando cierro los ojos y no quiero dormir.

martes 31 de marzo de 2009

Fin

Salimos con tiempo para llegar a la hora, el tráfico insoportable, el sol arde y tenemos que llevar a oci con los amigos que amablemente se ofrecieron a cuidarlo mientras no estamos, lo llevamos con todo y casa para que no se sienta triste y nos extrañe menos, lo bueno es que ellos tienen otras dos perras y seguro se harán buenos amigos. 
Nuestro hijo cabecea por el dramamine, oci, que no está acostumbrado a viajar en coche, babea mi brazo, mis piernas, mi blusa, mis zapatos, está nervioso y quiere tirarse por la ventana, no lo dejo y lo abrazo, a medio camino se le ocurre que es buen momento para vomitar las croquetas, no alcanzo a sacar la bolsa y vomita en mis piernas, M ve lo que le pasa y le hace un cariño en la cabeza, el conductor grita y yo tengo ganas de vomitar, recojo las croquetas de mis piernas y las pongo en la bolsa que debí poner a tiempo en su hocico. A me da kleenex para que me limpie, aunque no son suficientes, limpio mis piernas y el asiento lo mejor que puedo, me siento mareada, M se ha dormido y oci está más tranquilo, aunque sigue babeando mi ropa como si fuera una llave descompuesta.  Llegamos después de hora y media a dejar a oci, lo dejo con gusto y nos vamos a nuestro destino. 
Curvas y más curvas, el coche huele a vómito de perro y yo que me mareo si me subo a un escalón, no puedo tomar dramamine, se me baja la presión, se me sube, sudor frío, mis manos están blancas y supongo que el resto de mi cuerpo igual. Llegamos al hotel, nos dan la habitación y justo en el camino donde están los jardines muy arreglados, vomito el pastel de rajas que comimos en la tarde, cincuenta pasos más y llegaba a la habitación. 
¿Está bien la señora? Pregunta el bellboy, A le echa ojos de ¿Qué no estás viendo que está echando la guácara, pendejo? 
Nos instalamos y doy de cenar a M que trae toda la pila cargada, pues se echó su jetita todo el camino, yo solo quiero bañarme y quitarme el olor a vómito que debo emanar. 
A, se ha ido a lo de su trabajo y M y yo nos metemos a bañar, cenamos fruta y leche, dormimos profundamente hasta otro día. 

Amaneció, desayunamos y a la media hora estábamos en el agua, parecía que estaba en su ambiente natural, todo le sorprendía y llenaba de curiosidad, tocaba los insectos muertos que flotaban en el agua, a los que llamaba "bocho", golpeaba con sus manitas el agua que salpicaba su cara y la mía, reía a carcajadas cuando el agua que caía de un pequeño tubo tocaba su cara, lo saqué algunas veces para ponerle más protector solar y darle agua o jugo, comimos una fruta nos asoleamos felices, M parecía disfrutar tanto del agua, que al mismo tiempo que chapoteaba, gritaba: ¡agua! ¡agua! Nunca olvidaré su carita de felicidad.  


Llegó la hora de su siesta y cayó rendido, durmió por tres horas, fuimos a comer a un mercado, en el que probé la cosa más asquerodeliciosa que he comido, una gordita frita como inflada rellena de chicharrón en salsa, con queso y crema, lo sé, suena asqueroso, peor, que el que la servía era un gordo enorme, que no podía dejar de ver mientras me comía mi gordita (Seguro que eso come todos los días, pensé). Compramos frutas y pelotas, nos fuimos al centro en un taxi y caminamos un rato, M jugó con su pelota con otros niños hasta que me dio mucho calor y regresamos a la alberca del hotel. Otra vez esa carita feliz. 

Los días siguientes lo mismo más o menos, igual de felices los dos, ya que A, tenía que estar en su congreso, se perdió de disfrutar esos días, ni modo, trabajo es trabajo. Qué feliz me hizo ver a M así. Regresamos por oci el domino en la noche y regresó deprimido, se enamoró de una de las perritas con las que se quedó, ahora solo quiere dormir y no come. ¡Ay el amor!

viernes 20 de marzo de 2009

¿Otra vez?

Oh Dios, con tantas cosas qué hacer (limpiar y cuidar del perro enfermo; limpiar, jugar, alimentar, pasear, bañar, vestir varias veces al día al bebé, etc.), no me percaté de que tenía un blog en el que hay que escribir para que no se vea viejo y obsoleto. 
Pero es que cuando "una" está preñada, como que te cansas más. Y así es como estoy ahora, así que traigo una hueva, que parecen dos. Además de los siempre mal valorados ascos matutinos y vómitos repentinos ante el mínimo olor desagradable (Ya imaginarán lo que pasa cuando estoy limpiando la caca de oci que tiene una diarrea marca diablo y de limpiar las nalguitas de mi hijo llenas de mierdita de papaya y una gran variedad de frutas y vegetales digeridos), tengo tanto sueño que cuando mi hijo se duerme, como a las ocho y media, lo único que pasa por mi cabeza es ponerla en mi almohadita y mi cuerpecito metido entre las sábanas, olvidando que tengo un marido que espera que me ponga cariñosa y tengamos una "noche de pasión", jojo. 
Ay, pobre de él, lo que le espera. [Cariño: haré lo posible por no ser un fastidio como las embarazadas solemos ser. No es una promesa, pero lo intentaré.]  
Obviamente no les pondré fotos de mi avance en el embarazo, no quiero que llegue alguien a decirme lo gorda que me veo o algo parecido. Ya, si me ven, pueden decírmelo en persona. No, mejor no me digan, no sean gachos.



sábado 7 de marzo de 2009

Uff!

martes 3 de marzo de 2009

VTP

En las últimas vacaciones pude darme cuenta de que jamás volverán a ser las que solían ser, no después de tener un hijo, no señor, nunca serán las de antes:

El destino no importaba, siempre y cuando se apegara a nuestro presupuesto, en la que predominaban los destinos para hippiositos o "mugriteros", como dice mi esposo. Salíamos a la hora planeada y sin ningún contratiempo. 
En cuanto llegábamos al destino en cuestión, buscábamos la tiendita más cercana para llenar nuestra hielera de caguamas, clamatos, hielos, limones y cocos. Buscábamos una cabaña o un lugar para poner nuestra diminuta casa de campaña para dormir bajo las estrellas y lo más cercano posible al mar. Pasábamos horas y horas jugando cartas, platicando, viendo el mar, caguameando y fumando marihuana, acostados en la arena o en una hamaca. Cuando nos daba hambre, nomás caminábamos unos metros pa' llegar a la palapa donde nos servían deliciosos manjares marinos, preparados por la mujer de la casa con tortillas hechas a mano y salsa de mocajete. 
Entrábamos al mar cuando se nos antojaba, a que nos revolcaran las olas, a veces, nadando desnudos, "chacualeando" hasta que nos dolían las piernas y luego a descansar toda la tarde o dar un paseo corto por la orilla del mar, recogiendo piedritas, conchas de mar, basura, bueno, cualquier cosa que se nos ocurriera; algunas veces jugábamos con los niños nativos de la región. En las noches, nuestra diaria sesión de sexo desenfrenado con cuerpos sudados y calientes.

Y así, así y quinientos pesos. Eso era entonces. El ahora, parece ser el terror de cualquier familia, así que si quieren cambiar sus vidas de hedonismo a una vida de servicio, no crean que los invito a tomar los votos sacerdotales, les invito a tener un hijo e intentar vacacionar:

Primero buscar un destino que se ajuste a nuestro aún más corto presupuesto, ahora buscar un sitio con un ambiente más familiar, con menos drogas y más vendedores ambulantes. Una vez teniendo el sitio, a planear los horarios de salida, ir a la farmacia para prepararnos con protectores solares de bebé de protección mil contra los rayos UV, un bye bye mosquito, pañales para agua, crocks (tan indispensables que se perdió uno a los veinte minutos de tocar la playa y que el resto de las vacaciones no hicieron falta, el que quedó, ahora es mordedera de oci), ir al costco para comprar una casa de campaña y sleeping tamaño familiar, pa' que el bebé duerma a sus anchas, trajes de baño para toda la familia y panes de croassant (esta bien, esos no eran para la playa, pero se me antojaron). 
Ahora si, todo listo, maletas y los jugos necesarios para que nuestro hijo tenga su dotación diaria de azúcar. 

La salida, atrasada dos horas. La autopista no llegaba tan cerca del destino como hubieramos querido. Otra vez el dramamine nos permitió avanzar considerablemente sin hacer pausas por 3 horas,  después a buscar un lugar donde comer todos, saludable, higiénico... Nunca lo encontramos, así que una vez persignados y apelando al buen estado de nuestro sistema inmune, le entramos a unos pollos al carbón a orilla de carretera con la fosa séptica a un metro de la mesa y la lechuga serenada de medio día. 

Ya con harto sudor y sintiendo la brisa del mar, no cabíamos de optimismo acerca de nuestro destino. El internet nos jugó chueco y caímos en el engaño; en la página del sitio todo era un sueño, al hospedarte cooperas para la salvación de la tortuga lora y de carey, bien. Amplias cabañas cercanas al mar, área para campismo con servicios generales, bien. Cuando llegamos nos topamos con unas tinas llenas de tortugas enfermas, pues las saludables ya se habían ido, un cuarto de cemento como de azotea, pero en el patio trasero de la casa, una porción de 6 x 4m. al frente para acampar cercada con malla, ni qué decir de la decepcionante comida que pudimos cenar la primera noche. 
Al otro día nada de caguamas, drogas, clamatos, hamacas, cartas, descanso, tortillas a mano ni salsa de molcajete, nada de andar nadando en el mar por horas o caminar recogiendo 'cositas de mar', y por las noches caíamos tan cansados que lo único en lo que pensábamos era en dormir bien y en qué comería mañana el bebé. 
Y todo lo anterior se debe a que nuestro precioso hijo ha llegado a nuestras vidas y ha cambiado todo, lo ha cambiado tanto que ahora comprendo para qué se inventaron los VTP's, que se volverán mis preferidos de hoy en adelante. Porque quiero que mi hijo disfrute y nosotros también. ¡Vivan los VTP's!

Olvidé mencionar que no cambio estas vacaciones por ningunas de las que tuve y menos con esta vista: 


martes 24 de febrero de 2009

Siete años igual a olvido

Siempre soy yo la que organiza nuestros aniversarios, hago reservaciones, compro su regalo con tiempo, le hago saber que tendrá una gran sorpresa. Desde hace un año, le dije que el próximo aniversario él se encargaría de organizar todo...

Él se fue a trabajar en la mañana sin recordar que era nuestro aniversario, me quedé en la cama esperando que regresara y me dijera lo mucho que me amaba y lo mucho que significaban estos siete años juntos. Siempre espero de más.  

Le compré un regalo, por venganza se lo di a un indigente, tal vez le haga más falta que a él. Tal vez no. Siempre con mis absurdas venganzas. De todas formas hice de comer algo que le gusta mucho, puse la mesa con copas y en el refrigerador un vino tinto.

Llegó mas tarde de lo normal y yo claro que pensé que era porque estaba comprando algo para mí, o unos chocolates, o una manguera, o una plancha, o unos cuchillos, o lo que sea, pero no. Llegó y saludó como siempre, me di cuenta de que ni siquiera le pasó por la mente, aunque llena varias formas al día que le podrían recordar la fecha, nada.

Empezamos a comer, le gustó mucho la comida, dijo. Brindamos con nuestro hijo y bebimos el vino, llegó la vecinita que juega con mi hijo, que venía a jugar con él. Le dije que pasara que en cuanto termináramos de comer podrían jugar. Pasó, vio la mesa y dijo: 
- Uuuy, ¿qué festejan?. 
- Nuestro aniversario, digo yo. 
Glup!, se le atora el bocado que tiene en la boca, abre los ojos y me ve con esos ojitos que hace como de perrito triste. Yo sólo lo veo y sonrío. 

Me dice que está muy estresado, que tiene muchas cosas en la cabeza, lo de su papá, lo de nuestro futuro, lo del curso de un año, etc. No se cansa de pedirme disculpas una y otra vez, repite lo mismo que ya me había dicho y lo único que pienso es: ¿porqué a mi, nunca se me ha olvidado?, ¿Es que yo lo quiero más?, ¿Es que soy una ñoña y no debería importarme?...
En verdad quisiera que no fuera importante para mí, para nadie, que valiera madres si se acuerda o no, pero, ¿cómo le hago para que eso pase? Ay, no, malditos sentimientos!, tiene razón Do, es mejor no tenerlos. 

Hoy se le olvidó su celular, alguien llamó y no reconocí el número, pues no lo tenía guardado, así que no contesté. Volvió a sonar dos veces más y a la tercera contesté, tal vez era urgente: 
-Bueno? 
- (Silencio)
-Bueno?
-(Cuelga)

Malditos sentimientos, ahora me estoy volviendo loca y no tengo ganas de cocinar.

sábado 21 de febrero de 2009

Oci

Después del berrinche que le hice a mi esposo, mi familia y yo adoptamos a ocelote, así lo bautizó el dueño de los papás de oci, un perro xoloitzcuintle que parece más un perrito de la calle que otra cosa, pero muy fino, con pedigree, tatuaje y chip por si se nos pierde. Chuyito no lo quiera.  
Es todo bueno y juguetón, mi casa ya huele a orín de perro, porque él necesita marcar su territorio. Ahora tengo todo el tiempo el trapeador en mis manos. 
Mi hijo se puso celoso en cuanto se dio cuenta de que se quedaría con nosotros, pero lo quiere. Ya quiero que pase el tiempo para poder sacarlo a pasear, pues no tiene todas las vacunas y si lo saco así, se me puede morir, ay, no, no. Bienvenido a la familia!

miércoles 18 de febrero de 2009

Sensiblona


Ya se que pensarán que soy una cursi, sensiblona, pero no me importa, me gustan los animales y no soporto ver que les hagan daño; he pensado en ser vegetariana muchas veces, pero al final se me atraviesan unos tacos o una hamburguesa y ya, adiós vegetarianismo. Soy tan débil. Ya me desvié de la idea. Maldita cabeza, que no organiza bien mis ideas.

Total, a lo que iba, era que toda mi niñez me la pasé defendiendo cualquier criatura desprotegida que se me ponía enfrente, por ejemplo:

1. La ardilla atropellada que parecía calcomanía y que llevé a mi casa para que la lleváramos al veterinario.
2. Mi perra chicana que encontré cachorrita en la calle toda pulgosa y con sarna. La primera vez que la vi, tenía dos meses de nacida, el color de su pelo era como café con leche, ojos negros que me decían que me querían y así fue, me quiso mucho. Y que pasados los años mi mamá llevó “de paseo” y nunca más volvió.
3. El pájaro que dejé en libertad, pues lo tenía atrapado un pajarero espantoso. Por el cual tuvo que pagar mi mamá.
4. Todos los peces que habían traído para una cena familiar en un día de campo en un lago, los regresé al lago, pues no soporté ver como los destripaban, les cortaban las aletas, las agallas y todavía seguían moviéndose. Y nos quedamos cenando sopa de verduras, jiji. Todos me odiaron, obvio.
5. El conejito bebé que estaba ahogándose en una cubeta con una pelota encima que dejaron ahí mis primitos (sin querer, creo), le di respiración boca a boca y RCP. Lo salvé para que cuando creciera, mi papá se lo comiera asado. Tsss.
6. El gatito que encontré en la calle y que escupía espuma, lo llevé a mi casa y lo bañe, para que se le quitara esa espumita que le salía, jo. Murió a los dos días de rabia.
7. El pollito morado que me compraron en la feria y que aplastó mi tío cuando se sentó en el sillón. A ese no le pude hacer nada, pues se murió luego-luego.
8. A las miles de hormigas que mi primo atrapaba para pelearlas, que según él, había convertido en su propio ejército (ash, esos niños sin amor), un día entré a su casa sin que se diera cuenta y me llevé a todas a un lote baldío para que hicieran su hormiguero, lástima, porque poco tiempo después, mi primo quemó el lote baldío sin saber que su ejército estaba ahí.
9. El pajarito que se cayó de su nido y le di de comer de mi boca, según me dijeron que hiciera, ¡guácatelas! ¿quién me dijo eso?
10. Recientemente, la paloma que tenía las patas atoradas en una bolsa de plástico, intenté agarrarla, pero no se dejó, la gente me veía feo, pues como es posible que una señora ande persiguiendo palomas. Total, ya hay muchas, ni modo.

Y ya no me acuerdo de más, pero como que tengo esa cosa, saber que puedo salvar a alguien (¿cuando es un animal, se dice alguien?) y sentirme bien por haberlo hecho. Bueno, ya, todo esto por que me acordé del pajarito ese que dejé escapar del pajarero, me pregunto donde estará, seguramente muerto, como todos los anteriores.

Pajarito, te hice este dibujito:


sábado 14 de febrero de 2009

La Ramón López Velarde

AHORA SÍ, LA CONTINUACIÓN... larguísima, por cierto.

Como ya saben, me metieron en la gran secu federal Ramón López Velarde, de la cual yo había escuchado que eran taaaaan de barrio y taaaaan de cholos, que ya llevaban dos o tres muertitos por navajazo, cosa que me aterrorizó y me puso la piel chinita
El primer día me dí cuenta de que el 100% de la población estudiantil era de tez morena (esperen, esperen, no empiecen con que soy clasista o algo hasta que terminen de leer, incluso, me gusta mas la gente morena que la blanca) y yo la única, la recién llegada, la fresa, que venía de la escuela de moda, la que fumaba, la mimada, la güera (ni que fuera rubia como barbie), la que se creía la muy muy, decían. 

Pues ahí fue la primera vez que me encontré discriminada por el color de mi piel. Todas las mujeres de dicha secu me odiaban con todo lo que podían odiar. Los hombres, me tiraban la onda y ellas, más se ardían. Pero no me causaba conflicto gustarles, no, el conflicto era que tanto odio de parte de las féminas se reflejaba en que no tenía amigas y sí muchas, muchas, enemigas. Pero gracias a que no tenía amigos, dediqué mi tiempo a estudiar y poner atención en clases y se reflejó en el 9 que saqué en el primer examen

Era tímida, dejé de fumar (sólo en la escuela) y no hablaba con casi nadie. Si acaso algún valiente o nerd que se animaba de vez en cuando, alguien que a ellas no les importara. 

Como siempre he sido más alta que la media, pues me metieron a la selección de básquet, y ahí sí... podían aventarme, pegarme, jalarme el pelo, rasguñarme, darme balonazos, en fin, lo que se les ocurriera a las entonces vistas por mi, como las peores personas que había conocido. Un día se le ocurrió a la cholamayor (la más mala de todas) que estaría padre que justo cuando se terminara el recreo, me quitaran la falda del uniforme y me dejaran encerrada en el baño. Pues bien, sus compinches ejecutaron el plan con gran maestría: llegaron seis de ellas, me sometieron y tiraron al suelo, me agarraban entre todas, no paraban de reír, yo gritaba y nadie me escuchaba. Quedé en el suelo, en calzones, y pusieron algo afuera de la puerta del baño para que no pudiera salir, como si yo quisiera salir del baño sin falda. Bah. Estuve más de dos horas encerrada en el baño, pensado en qué podía hacer para que nadie me viera e irme a mi casa a llorar. No encontré solución alguna y me subí al lavabo, asomé mi cabeza por la ventana para ver si alguien pasaba y que me pudiera ayudar. Así fue, pasó el prefecto y le grité, me dijo: 'Por qué no estás en clases, te voy a meter un reporte' Yo le expliqué lo que había pasado y fue en busca de mi falda y resultó que nadie la tenía, yo esperaba en el baño, esperé otra hora hasta la llegada de mi falda. Me la puse y salí con la cara roja de la vergüenza que sentía. No puedo describir la felicidad que sentí cuando me enteré de que las suspendieron a toooodas. Malditas.
Pero ¿qué podía hacer? todas contra mi, ni modo de revelarme. No, aguanté así un par de meses, solo agachaba la cabeza y hacía como si nada hubiera pasado. 

Pero un día, jugando básquet, que me avienta la cholamayor; me hago a un lado y lo dejo pasar, vuelve a empujarme y caigo al suelo de culo, 'ahora sí, ¡maldita! ya sacaste boleto', con el corazón latiendo fuertísimo. Me levanto, la empujo y ella cae al suelo igual que yo, se levanta la cholamayor con los ojos desorbitados y dice: ¡Te veo a la salida cabrona!
Reflexiono acerca de lo que acaba de ocurrir y me doy cuenta de que la cagué bien cabrón. Pedí permiso en la dirección para poder irme más temprano, pero no creyeron el pretexto que inventé y regresé a mi salón, deseando que nunca llegara la hora de la salida. Pero llegó, me fui por donde salían sólo los maestros, pero oh sorpresa, estaban ahí, las siete esperándome con cadenas, sentí que era el momento de mi muerte. Pensé en mis opciones para salir con vida y lo único que salió de mi boca fue: 'Yo no me voy a rebajar a su nivel' (jajajajá, ¿en qué estaba pensando?), se dejan venir todas hacia mi y yo solo me agacho, me hago bolita y cubro la cara (pa que no me disfiguren, ¿edá?) con la mochila, siento que me dan golpes en la espalda, me patean, me jalan el pelo, me rasguñan, 'espero que se cansen pronto, pienso', pero no se cansan, siguen, la cholamayor me agarra del pelo y me arrastra un poco, o único que quiero es que me suelten, que me dejen ir a mi casa a llorar], suelto un golpe con el puño y los ojos cerrados hacia mi atacante, dejo de sentir los golpes y levanto la cara, la veo, tapándose la cara y escurriendo de sangre, corro lo más fuerte que puedo y me voy de ahí, me grita a lo lejos: ¡Mañana, te traigo a mi hermana!. Yo solo corro y corro, salgo con vida y tomo un taxi, aunque no traigo dinero para pagarlo. 
Llegué al siguiente día y  escuché que tenía la mitad de la cara morada, la nariz hinchada y parte de los ojos, ni si quiera me atreví a mirarla. Me fui a casa sin ningún problema, nunca llegó la hermana mayor, ni nadie. 
Jamás alguien volvió a tocarme, me gané el respeto de todos al quebrar la nariz de la cholamayor. Algún tiempo después hasta me convertí en la cholagüera.  Nos hicimos medio amigas, pero no tanto como para olvidar lo ocurrido. No volví a reprobar una materia en mi vida, eso sí. Aprendí la lección, otra vez: ¡Gracias papás!